dijous, 24 de gener del 2013

Los enamoramientos de Javier MARÍAS


MARÍAS, Javier
Los enamoramientos
Alfaguara (edición digital, 306 pág.)
Madrid, 2011
La última y sin embargo ya premiada novela de Javier Marías trata sobre las siempre complejas relaciones sentimentales entre hombres y mujeres. Partiendo de la muerte, ya que la trama se urde alrededor de un truculento asesinato, en apariencia carente de motivación, Marías reflexiona sobre la naturaleza del amor; o mejor dicho: sobre la naturaleza de esa primera y apasionada fase del amor sexual llamada enamoramiento. To fall in love with somebody (literalmente, ‘caer en el amor con alguien’), como se dice en inglés ‘enamorarse’, es algo que ocurre absolutamente al margen de nuestra voluntad y de cualquier cálculo racional. Puede que incluso contravenga a menudo lo que sería conveniente o prudente. Sin embargo, el deseo y la atracción pasan por encima de cualquier consideración y nos llevan de cabeza al objetivo dispuestos a saltarnos cualquier obstáculo que se interponga. Al tratarse de una pasión, es tan intensa como breve. Al cabo de cierto tiempo se suaviza en otras formas de amor o se desvanece sin dejar más rastro que el recuerdo. Hasta es posible que nos cueste reconocernos en esa situación cuando al cabo de los años echamos la vista atrás. ‘¿Cómo pude enamorarme yo de tal?’, ‘¿Qué le vería?’, nos preguntamos.
El amor sexual entre un hombre y una mujer se puede manifestar de muchas formas. Uno, si es afortunado, ha experimentado o va a experimentar algunas de ellas a lo largo de su vida. No obstante, parece que no es tan rara la gente que pasa por este valle de lágrimas sin conocer ninguna de las encarnaciones del amor sexual, que no es sólo sexo, sino sexo con amor: disfrutar de relaciones abiertas, ya sean duraderas, esporádicas o pasajeras; tener una aventura, pasar por un noviazgo más o menos largo, vivir en pareja, casarse, cometer adulterio (si alguien lo comete, alguien lo padece)… Todas ellas tienen múltiples variantes según cual sea la situación de los individuos que deciden o se ven empujados a mantenerlas y ─lo que parece estar suficientemente probado─ ninguna es perfecta. Todas adolecen de taras, vicios y limitaciones. Cualquiera de ellas puede propiciar la eventual insatisfacción de alguno de los miembros de la relación. La complejidad de la psicología humana y de las relaciones sociales nos tiene siempre en el alambre y el amor no siempre es lo bastante firme como para mantenernos equilibrados sobre él.
Marías describe magistralmente en el pensamiento y la actitud de los personajes de la novela cómo se suceden los momentos de estabilidad emocional, zozobra, esperanza renovada y resignación ante la caducidad de los sentimientos; cómo se vive el amor no correspondido o desigual, cómo tejemos telarañas para atrapar a las personas que queremos y nos acaban enredando a nosotros también; cómo podemos esperar durante años, con un paciencia infinita, a que llegue la oportunidad y cómo, en fin, podemos desprendernos llegado el caso de aquello que hemos amado más que a nada en el mundo. Las razones del homicidio van desvelándose en la cabeza de la narradora a medida que lo hace la relación con su amante. Al final, ocurre a menudo, las cosas no son lo que parecían. La conclusión de la novela parece precipitada, como si el autor tuviera más que decir sobre el asunto pero se le acabara el tiempo o le faltara espacio. Imagino que nunca se dirá lo bastante sobre la terrible complejidad de las relaciones humanas.

Disfruto desde hace años de los artículos que Javier Marías publica en la revista dominical de EL PAÍS. Sin embargo, el Marías novelista se me ha hecho difícil de digerir en más de una ocasión. Así como en otras obras había tenido la sensación al leerle de estar navegando por un océano de palabras tan ondulante que no me permitía fijar el rumbo, con Los enamoramientos no ha sido así. Quizá sea esta la causa de que me haya gustado más que ninguna de las anteriores. Recomiendo su lectura a todo buen lector.

divendres, 11 de gener del 2013

Breve biografía esencial


Soy hijo de Vandellòs, un pequeño pueblo de la comarca catalana del Baix Camp, aunque vine al mundo en Tarragona porque en 1964 dar a luz en las clínicas empezaba a ser lo corriente.  Nací en el seno de una familia numerosa y por mi parte soy padre de dos encantadoras adolescentes de 13 y 16 años, Helena y Clàudia. Estoy casado en segundas nupcias con Cuqui, una matemática malagueña, por lo que mi vida transcurre a caballo de Reus y Málaga.
Recibí inicialmente la Educación General Básica en la Escuela Nacional de mi pueblo y la terminé con la secundaria en Tarragona. Me puse a trabajar de manera plena a los diecinueve años y me emancipé en seguida. Obtuve la licenciatura en Filosofía por la Universidad de Barcelona compaginando trabajo y estudios. Después de acabarlos, empecé a ejercer la docencia en secundaria: primero en FP y más tarde en BUP y COU, para terminar con la ESO y el Bachillerato actuales. He pasado veinte años de mi vida en las aulas con jóvenes y en ellas he aprendido mucho, sobre todo de mis alumnos. A raíz de esa dilatada experiencia, puedo decir sin duda que me gusta enseñar.
A causa de los recortes en educación y otros avatares que no merece la pena contar aquí, me ha sido dada la ocasión de redirigir mi vocación por la enseñanza a otros destinatarios. Había tenido varias experiencias en formación de adultos, lo que me hizo pensar entonces que mi objetivo futuro bien pudiera ser la formación de profesionales en las empresas. Podría utilizar en el ámbito corporativo las habilidades didácticas y los conocimientos acumulados a lo largo de mi práctica docente. Ahora me dedico a la formación in company.
Por otro lado, soy corredor de fondo desde hace casi treinta años, actividad atlética que me permite estar en forma, conocer mis límites, equilibrar mente y espíritu y relajarme mejor tras el esfuerzo. Creo que practicar deporte con espíritu amateur ─e incluso participar en algunas competiciones─ puede ser un complemento esencial para el desarrollo personal.
Me gusta leer artículos y buenos libros, en especial de ensayo. Asimismo, me gusta escribir y me esfuerzo por no hacerlo del todo mal. Tengo curiosidad por muchas cosas. De mi formación filosófica agradezco por encima de todo que me haya permitido tener una clara conciencia de la ignorancia en que me hallo sumido. Sea lo que sea lo que yo pueda saber ─si es que algo sé─ representa sólo una parte infinitesimal de lo que me queda por conocer. La nítida conciencia de mi ignorancia me empuja constantemente a aprender.