dissabte, 27 de juliol del 2013

La lechuza ha emprendido por fin el vuelo

Queridos lectores,

A pesar de que la publicación del ensayo, por cuestiones que no estaba en mi mano resolver, se ha diferido más de lo que me figuraba cuando la anuncié, a partir de hoy está ya disponible en el siguiente enlace:

Por ahora, sólo se puede comprar el libro en la librería virtual online. Les recuerdo que, quienes lo adquieran en papel, podrán descargárselo gratuitamente en versión digital (PDF o ePUB) desde el enlace que les será enviado a su correo electrónico al formalizar la compra. Asimismo, es interesante tener en cuenta el ahorro en portes que supone adquirir cinco o más ejemplares. Si puede ponerse de acuerdo con otros compradores, todos saldrán ganando.
La lechuza ha sido el símbolo de la filosofía desde que Palas Atenea la eligiera como mascota. Hegel escribió, en el Prefacio de los Fundamentos de la filosofía del derecho, que «la lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer», porque la filosofía sólo puede dar razón de los hechos cuando se han consumado y la realidad se halla ya en un nuevo estadio de desarrollo en la historia. Sin embargo, las reflexiones filosóficas, lejos de ser inanes, sirven como vacuna para el futuro.
Por lo demás, remito a quienes quieran más información sobre el libro al artículo "Noticia acerca de la inminente publicación de mi ensayo" (23/06/13) en este mismo blog. Espero que lo disfruten y, si acaso les gusta y creen que merece la pena recomendarlo, ruego le den difusión.

Reciban un cordial saludo y mi sincero agradecimiento,


El autor

dijous, 25 de juliol del 2013

El inverosímil pero cierto viaje de la Dra. Khí-cuadrado

Entré a colaborar como becario en la Facultad de Medicina de Málaga en 2007 y permanecí allí por espacio de tres años mientras investigaba la plasticidad de las redes neuronales en los procesos cognitivos, el tema que trataba en mi tesis doctoral. Durante unos meses del segundo año, a causa de la metodología estadística que se había hecho precisa para manejar los torrentes de datos que arrojaban los resultados de mi investigación, tuve que frecuentar el departamento de Bioestadística que, entonces como ahora, se hallaba bajo la batuta de la Dra. Khí-cuadrado. Es reconocida en todo el mundo la calidad del trabajo de investigación y asesoramiento que allí se lleva a cabo, además de cumplir con creces con su cometido docente. Bueno, he dicho que la Dra. Khí-cuadrado llevaba y lleva el departamento, pero la verdad es que no me atrevería a afirmar ante un juez y bajo juramento que la profesora que hay ahora sea exactamente la misma persona que conocí cuando llegué, aunque ciertamente se le parece como una molécula de agua a otra. (Me gusta esta comparación desde que descubrí que en el universo no hay dos moléculas de H2O idénticas: y no sólo porque sean materialmente distintos los átomos que las forman, sino por el siempre distinto ángulo que describen los puentes de unión entre los dos átomos de hidrógeno y el de oxígeno en las tres dimensiones del espacio euclidiano. Hay infinitas posibilidades y, por tanto, incontables moléculas distintas. Para que sigamos diciendo, sin que nos tiemble la voz, que dos personas se parecen entre sí “como dos gotas de agua”. ¡Con la cantidad de moléculas diferentes entre sí que componen una sola gota de agua!).
A pesar de estar investigando en la especialidad de neurocirugía y de no ser especialmente ducho en matemáticas, mi acogida en el departamento fue muy buena y me sorprendió bastante que pudieran llevar a cabo su trabajo con tanta eficiencia, teniendo en cuenta los limitados recursos humanos y materiales con que contaban ─eso lo descubriría yo muy pronto porque en seguida tuve que echarles una mano. También me llamó la atención el carácter simpático y alegre de los dos estadísticos; siempre había pensado que los matemáticos eran gente ensimismada y arisca. Lo que encajaba como un guante en el tópico era el despiste que llevaba la jefa en lo alto. Cuando se concentraba a fondo en algo, diríase que el mundo desaparecía a su alrededor. Era capaz de aislarse de cualquier cosa, por importante que fuera. Se decía que en una ocasión había permanecido en el asiento del tren que la llevaba a Barcelona hasta llegar a París ─sin notar que el viaje se alargaba en demasía ni darse cuenta de que estaba atravesando toda Francia. También se contaba que había dejado olvidados tabletas, ordenadores y teléfonos móviles en los aeropuertos de medio mundo. A mí, la anécdota que más me fascinó fue la que cuenta que en una ocasión cenó sola en un restaurante donde se había citado porque se confundió con el establecimiento contiguo. Por supuesto, ella estaba convencida de que estaba en el sitio adecuado y el hecho de que en la carta constara otro nombre era debido a que el restaurante debía haberlo cambiado recientemente. Eso habría impedido a su compañero de cena encontrar el lugar y reunirse con ella (imagino que eso ocurriría antes de la era de los móviles, que es muchísimo más reciente de lo que pudiera parecer). Uno puede suponer que habrá mucha mitología en esas historias e incluso alguna que otra exageración, pero desde luego yo le vi hacer cosas rarísimas cuando estaba ensimismada.
Cuando yo me incorporé a la sección, la Dra. Khí-cuadrado estaba metida de lleno en una investigación terriblemente absorbente de la que nadie parecía saber mucho. Se pasaba hora tras hora, día tras día encerrada en su despacho, de donde sólo salía para dictar sus clases y, ya muy tarde por la noche, para marcharse a casa. Cuando alguna vez le pregunte de qué se trataba me contestaba con un ‘nada importante’ o ‘algo revolucionario’, según la fase creativa en que se encontrara. Una mañana, cuando llegué al departamento a eso de las 8.00, me sorprendió encontrar la puerta entornada y las luces encendidas. Parecía que no había nadie dentro, pero tuve la extraña sensación de que sí había alguien. Llamé en voz alta a la Dra. Khí-cuadrado y después al Dr. Figures, su compañero de departamento, pero nadie respondió a mi llamada. Miré en todos y cada uno de los despachos y salas, también en los baños; definitivamente, ahí no había nadie. Al poco, llegó el Dr. Figures ─cuya presencia me alivió─ y le conté lo sucedido. Se mostró sorprendido e intrigado y nos dirigimos juntos al despacho de la Dra. Khí-cuadrado. Estaba todo como si ella siguiera estando allí, trabajando, solo que no estaba. La luz del flexo iluminaba la mesa de trabajo, el calefactor estaba en marcha; el ordenador portátil, conectado a la pantalla grande de sobremesa y sus cosas permanecían esparcidas por la superficie de las dos mesas como acostumbraba a tenerlas cuando estaba trabajando. Diríase que sólo había pasado un mínimo lapso de tiempo desde que había salido ─o, mejor dicho, desaparecido de su puesto. Ni siquiera había entrado en reposo todavía la pantalla del ordenador, como de hecho sí hizo al cabo de unos minutos. Coincidimos los dos en que no podía haber salido por la puerta ya que, de haberlo hecho, habría tropezado con nosotros. Tenía que haberse desvanecido o volatilizado… y eso era a todas luces imposible. En consecuencia, nos quedamos perplejos y sin saber qué decir ni qué pensar.
El Dr. Figures reanimó el ordenador y pudimos ver en pantalla lo que había estado haciendo hasta escasos instantes antes de llegar nosotros. Albergábamos la esperanza de que eso arrojara alguna luz sobre su desaparición súbita. Había estado programando en SPSS. Una larguísima ristra de complejas instrucciones que incluso al Dr. Figures le estaba costando seguir. Por momentos, se le iluminaba la cara como si viera el sentido de todo aquel galimatías, pero al rato se ensombrecía de nuevo y se desesperaba. Finalmente, se dio por vencido. Se dio cuenta de que la Dra. Khí-cuadrado había desarrollado el programa mucho más allá de lo que sus diseñadores hubieran podido prever y le había añadido líneas de código que instruían nuevos e impensados algoritmos. ¿Con qué propósito? Era honesto admitir que no teníamos ni idea. Fuera lo que fuera lo que estaba desarrollando la Dra. Khí-cuadrado, se trataba de algo revolucionario. Pero no sospechábamos hasta qué punto.
Decidimos no decir nada y dejar que pasaran un cierto lapso de tiempo por si se tratara de una falsa alarma. Seguramente, la Dra. Khí-cuadrado acudiría más pronto que tarde a su despacho, del que debió salir precipitadamente por alguna urgencia fisiológica o por el cansancio acumulado después de una larga noche en vela. Su proverbial despiste explicaría que no hubiera cerrado el ordenador, las luces y, en fin, la puerta del departamento. Pero no se presentó en toda la mañana, ni tampoco por la tarde. El Dr. Figures le llamó al móvil y después incluso a casa, donde por aquél entonces vivía sola después de su divorcio. Nada. Cuando, al día siguiente a la desaparición, la Dra. Khí-cuadrado tampoco se presentó el Dr. Figures decidió dar cuenta a las autoridades de la universidad y éstas, que saben que no hay que hacerse el remolón cuando se trata de la integridad de los empleados de la institución, pusieron inmediatamente el caso en manos de la policía. Una hija de la Dra. Khí-cuadrado se extrañó de la búsqueda, puesto que habían tenido noticias suyas por la mañana a través del correo electrónico. A primera vista, su email era rutinario y no daba que pensar. El resto de la familia tampoco sospechó nada puesto que no acostumbraban a establecer contacto diario con ella. Que estuviera unos días sin dar señales de vida era corriente y lo esperable de una persona autónoma y con una vida plena de quehaceres y distracciones: el trabajo, la investigación, los amigos, el gimnasio, el despiste… Todo eso ocupa mucho tiempo y ninguna de esas instancias se alarma cuando no se ocupa de ella por unas horas o unos días.
Ante la intranquilidad generada por las indagaciones policiales y de la propia universidad, uno de los hijos decidió contactar con su madre. No lo consiguió por teléfono, así que le mandó un email esperando que lo viese y se lo contestara. Pasó el día y no hubo respuesta, hasta que de madrugada recibió un correo en el que le decía que estaba en Boston, Massachusetts (EE.UU.) colaborando en el Departamento de Investigación Láser del Massachusetts General Hospital (MGH), como venía haciendo con frecuencia cuatrianual desde seis años atrás. Lo sorprendente fue que le dijera que se había incorporado el día anterior a primera hora de la mañana. Aquello desconcertó al hijo hasta el punto que llamó al Dr. Figures para contrastar la información. ¿No se la echaba en falta precisamente desde ese mismo momento en la Facultad de Medicina de la UMA? Nadie tenía constancia de un viaje de la Dra. Khí-cuadrado a Boston en esas fechas, aunque era normal que los hiciera varias veces al año en razón de sus colaboraciones con el mencionado departamento. Mientras, los inspectores que llevaban el caso habían comprobado que nadie con el nombre de Dra. Khí-cuadrado constaba en ninguna lista de embarque de ninguna compañía aérea. No había podido coger en ningún aeropuerto español un vuelo interior ni uno al extranjero. Definitivamente, no podía estar en América el mismo día que desapareció de Málaga sin haber volado. Y no había volado o, por lo menos, no había pasado ninguna aduana ni control policial español ni estadounidense. Tampoco se nos ocurría cómo podía haber ido más rápidamente a los EE.UU que a bordo de un avión.
Cuando consiguieron hablar con ella por teléfono, se dieron cuenta de que sin duda estaba en Boston, en el despacho del Manager del MGH, a dónde afirmó haber llegado por una vía alternativa que no podía contar por teléfono. A su vuelta lo explicaría debidamente. Dado que no tenía ningún permiso para ausentarse de la universidad, la Rectora le advirtió que debía volver inmediatamente e incorporarse a sus funciones salvo que una fuerza mayor se lo impidiera. La cosa se había ido complicando a medida que pasaban las horas y amenazaba con originar un conflicto diplomático. El Departamento de Inmigración de los EE.UU. no se anda con chiquitas cuando se trata de una violación de sus fronteras. Sólo faltaría que ahora se descubriera una forma extraordinaria e indetectable de penetrar en territorio americano, como si no tuvieran bastante con los espaldas mojadas de Río Grande, los balseros del Caribe, los cargueros chinos de contenedores y el resto de vías ordinarias. Por su parte, las autoridades aeroportuarias y policiales de ambos países no se explicaban qué había podido fallar. Unos recelaban de los otros y los otros de los unos, puesto que nadie está dispuesto de suyo a reconocer las deficiencias del sistema ni a aceptar un error de procedimiento o una negligencia. Lo que estaba claro es que se trataba de un asunto muy grave que podía acarrear consecuencias no deseadas por ninguno de los gobiernos.
A las dos del mediodía del segundo día, contando desde la misteriosa desaparición, y al cabo de unos minutos de haber hablado por teléfono desde Boston con la Rectora, vimos salir a la Dra. Khí-cuadrado de su despacho en el Departamento de Bioestadística de la UMA luciendo su mejor sonrisa. Tan fresca como una rosa. Si aquello no era brujería, se le parecía bastante. ¿Cómo lo había conseguido? Eso es lo que había venido a contar al mundo desde Teatinos.
Pero lo primero era aclararlo todo con las autoridades de la Universidad de Málaga desplazadas a la Facultad de Medicina urgentemente. Tras escuchar con atención las explicaciones de la profesora de estadística y valorar con sumo cuidado la situación, la Junta de Gobierno de la UMA puso su gabinete jurídico a disposición de la Dra. Khí-cuadrado para que la representaran ante los tribunales por las posibles demandas del Ministerio del Interior, la Interpol y las autoridades del Departamento de Inmigración de los EUA. Por un lado, la UMA era consciente de que se había convertido en el foco de atención de los medios de comunicación de todo el mundo, lo cual podía ser bueno o malo en función del resultado de todo el asunto; por el otro, una reputada y eficiente empleada de la institución estaba en un brete y la universidad tenía la obligación de darle todo su apoyo. Eso sólo podía ser visto por el mundo mundial que permanecía a la expectativa como un acto de reconocimiento, confianza y gratitud. Aunque pudiera pensarse que lo más fácil sería desentenderse, por si acaso, nadie sabía con certeza cuál era la mejor opción. Sin embargo, no fue ése el planteamiento de la Junta. Se basaron más bien en la estricta racionalidad de las inverosímiles explicaciones de la Dra. Khí-cuadrado.
Por esta razón ─que la UMA había lúcidamente anticipado─, cuando la Dra. Khí-cuadrado ─en una conferencia de prensa que casi exigía la terrible presión de los grandes medios de comunicación─ dio cuenta del experimento en virtud del cual había viajado a través del Atlántico en un instante, a ninguna institución privada o pública, a ningún gobierno nacional o extranjero y a ningún particular de aquí o de allá le pareció oportuno interponer demanda alguna. Si llegara a confirmarse dicho experimento, ése sería sin duda el mayor avance de la ciencia por lo menos desde que fueran enunciadas la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Y mejor que se confirmara porque, si era desmentido, la Dra. Khí-cuadrado se revelaría como una maga, lo cual sería todavía más difícil de entender que la más abstrusa de las explicaciones científicas.
En esencia y omitiendo los largos desarrollos de programación matemática, lo que contó la Dra. Khí-cuadrado fue lo siguiente:
“La línea de investigación que he seguido se basaba en algunas ideas bien conocidas:
1.      La correlación metafísica entre las matemáticas y la realidad física que teorizaron los pitagóricos veintiséis siglos atrás. Una correlación que Descartes y Galileo empezaron a formular en el siglo XVII de nuestra era dando vida al mecanicismo de la Nueva Ciencia. No obstante, a pesar de lo mucho que han avanzado la física y las matemáticas desde entonces, todavía es largo el camino que nos queda por recorrer. No me atrevería a segmentar el proceso de avance pero, si tuviera que pronunciarme, apostaría a que no hemos recorrido ni una milésima parte del camino que hay que hacer para conocer los misterios de la naturaleza hasta el punto en que las matemáticas lo pueden permitir.
2.      La teoría especial de la relatividad, enunciada por Einstein en 1906. Esta bien conocida y no tan bien entendida teoría propone, entre otros postulados, que el espacio-tiempo no es un sistema de referencia absoluto, sino sólo relativo a la velocidad de la luz. La única constante universal y, en consecuencia, no sujeta a relatividad, es la velocidad que alcanza la luz en el vacío, que no es otra que la máxima velocidad que puede alcanzar cualquier móvil. Si pudiera irse más rápidamente, el rayo de luz lo haría sin duda. Variaría el guarismo que indica el valor de la velocidad, pero no el hecho de que la inercia imposibilita a cualquier móvil acelerar más allá de un tope, un máximo absoluto, un techo de cristal.
3.      La hipótesis de los saltos cuánticos de los electrones, defendida por Niels Bohr en 1911, según la cual un electrón pasa de un nivel de energía atómico a otro sin transitar por el espacio intermedio. Todo el mundo sabe lo que significa saltar, pero a nadie se le escapa que, cuando algo o alguien salta, lo hace de un punto A a un punto G pasando por todos los puntos intermedios B, C, D, E y F. Lo revolucionario e incomprensible de la hipótesis de Bohr (aún no comprobada empíricamente entonces pero bien establecida como teoría hoy en día) es que se pueda ir de A a G sin pasar por ningún punto intermedio.
4.      El principio de incertidumbre para la física de partículas enunciado por Werner Heisenberg en 1927, en el marco teórico de la Mecánica cuántica, según el cual no es posible conocer a la vez y con precisión la posición y el momento de una partícula subatómica. La ilustración más famosa del principio es ‘El experimento del gato cuántico’, ideado por Erwin Schrödinger. En el famosísimo experimento, se invita idealmente a un gato a entrar en una caja que contiene una serie de objetos dispuestos de tal manera que la posible emisión aleatoria de radiactividad por una fuente desencadene el mecanismo que conlleva la muerte del gato por envenenamiento. Es ocioso explicar aquí como funciona el mecanismo, puesto que es harto trivial. Lo único importante es que, mientras la caja que contiene todos los elementos y el gato esté herméticamente cerrada y lo que ocurra en su interior sea, por tanto, absolutamente desconocido para nadie, entonces el gato estará vivo y muerto simultáneamente. Sólo el conocimiento de la realidad por un sujeto la decide a manifestarse de una u otra forma.
5.      La teoría matemática del caos enunciada por Ilya Prigogine en el siglo XX. Se basa en el Principio de Incertidumbre y ha sido desarrollada desde entonces por numerosos matemáticos. Esta teoría considera el azar el verdadero factor clave en el desarrollo de la realidad. Dadas idénticas condiciones iniciales en un sistema de partículas en un momento t, no puede saberse cuál será el estado subsiguiente en el momento t1. Si no se puede saber, no es por falta de inteligencia de los sujetos de conocimiento, sino por la indeterminación del sistema. La tesis del gran matemático del s XVII Wilhelm Gottfried Leibniz sería la contraria: un cerebro omnisciente no tendría problemas para conocer el estado del sistema en cualquier momento, es decir, para tn. El problema es nuestro, no de la naturaleza, la cual, huelga decirlo, se maneja muy bien por sí sola.”
“Son puntos de partida diversos pero complementarios. En el fondo, sugieren que a) las matemáticas son el lenguaje en el que está escrito el gran libro del universo y debemos dominarlas si queremos desentrañar sus misterios (Galileo) y b) la rama de las matemáticas que sirve para representar los fenómenos de la mecánica cuántica es la estadística (Heisenberg).”
“Armada con estos ligeros bagajes─ dijo─ me propuse desarrollar un algoritmo que abriera la puerta del espacio-tiempo para permitir la teletransportación. O lo que es lo mismo, fundir la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad en un solo cuerpo teórico en virtud de la estadística. Tuve que partir de cero, puesto que ninguno de los grandes desarrolladores de la ciencia estadística la pensó nunca más que como una herramienta mecánica para resolver problemas, analizar tendencias, cuantificar variables cualitativas, etc. Yo, como Descartes en su momento, siempre había pensado que las matemáticas tenían que servir para un fin superior del conocimiento, no para un uso meramente mecánico. Sin embargo, mi pretensión era mucho más osada que la de Descartes. El sólo buscaba el método seguro para el desarrollo de la ciencia; yo buscaba la transformación de la realidad desde las matemáticas. Igual como esperamos, cuando introducimos cifras y operaciones en una computadora, que nos calcule el resultado, yo quería que la ejecución de una serie de comandos de programa resultara en un cambio en la realidad material. Y eso fue lo que logré en la madrugada del 2 de febrero de 2008.”
“Como comprenderán, los detalles técnicos no los haré públicos hasta que la UMA los haya patentado, puesto que el alcance de este descubrimiento podría por sí solo sacar a nuestro país de esta incipiente aunque amenazadora crisis. No es descabellado pensar que las consecuencias que mi descubrimiento puede tener para el progreso de la humanidad sean las mayores nunca halladas para sacar a toda nuestra especie de la indigencia. Es pronto para alborozarse, pero les puedo anticipar que la revolución de internet, con todo lo que está suponiendo, será un hito menor al lado de la teletransportación estadística.”
Después de aquellas explosivas declaraciones, se abrió un período de gran nerviosismo y expectación. Éramos conscientes que los servicios de inteligencia de las potencias intentarían obtener las líneas de código, por lo que el Centro de Cálculo montó un operativo de encriptación de datos y vigilancia electrónica de altísimo nivel. Un aparatoso incidente en un hotel de Ronda sugiere que hubiera podido haber un intento de secuestro de la Dra. Khí-cuadrado en el que habrían participado espías de Corea del Norte y de Irán sufragados con el petróleo de Chávez. Afortunadamente, la Policía Nacional y la Guardia Civil desbarataron la acción poniendo en fuga a los agentes secretos. El ministerio redobló la vigilancia e incluso la CIA puso a colaborar a un equipo de contraespionaje en la protección de la Dra. Khí-cuadrado. Evidentemente, sus simpatías por Obama ─que ya eran de órdago desde que hizo aparición en la escena internacional─ no hicieron sino crecer.
En unos meses, todo estuvo preparado para obtener la patente del invento. A la oficina de patentes de la Unión Europea (UE) no le importó en absoluto que la solicitud estuviera escrita en español, aunque no fuera una de las tres lenguas en que, según marcaba la normativa, debía presentarse el formulario. ¡Como si queríamos presentarla escrita en volapuk! Como es sabido, hoy en día diversos laboratorios han conseguido teletransportar objetos de no más de 100 g de masa a distancias todavía no superiores a los 100 m mediante la Tecnología Estadística de Teletransportación (TET) de la Dra. Khí-cuadrado. Aunque los avances son prometedores, las pruebas a gran escala no han tenido éxito todavía. No se sabe cómo lo consigue la Dra. Khí-cuadrado, pero es un hecho cierto que se mueve de un punto a otro del planeta ipso facto sin necesidad de transporte ordinario. Se especula con que algo en su estructura anatómica o incluso mental podría hacerla especialmente susceptible a la teletransportación. Pero eso son sólo suposiciones sin mucho fundamento científico. Alguien ha apuntado que el secreto podría estar en el agua, en la estructura molecular del agua. ¡Quién sabe!
Lo único que podemos afirmar es lo patentado por la Dra. Khí-cuadrado: existe la posibilidad de generar un campo electromagnético con un ordenador al uso que sea capaz de teletransportar un objeto por desintegración y reintegración estadística. La materia no viaja, igual como ya ocurría en el modelo de teletransportación estándar. Ahora bien, allá donde se reproducían estados cuánticos, es decir, donde había transporte de información sobre estados físicos de la materia, aquí sólo hay transporte de información sobre modelos estadísticos, es decir, matemáticos. Lo que se reconstruye en destino es solo el producto resultante de un modelo basado en un conjunto de algoritmos matemáticos que se ajusta a lo desintegrado con un porcentaje de error determinado y despreciable. No hay ni puede haber garantía de igualdad absoluta entre lo analizado y lo sintetizado, puesto que la teoría descarta la existencia de una posibilidad tal. Sin embargo, nadie ha podido distinguir entre la Dra. Khí-cuadrado antes y después de sus tránsitos de ida y vuelta entre materia e idea matemática. Ni siquiera sus allegados. De hecho, no hace mucho metió su iPad en el congelador mientras el caldo del cocido que había preparado para las Navidades se echaba a perder en su mesita de noche. Y cualquier día tendrá que regresar de nuevo desde París porque no se habrá acordado de bajarse en la parada que sea su destino por hallarse abducida por el trabajo en su PC. La Dra. Khí-cuadrado es así, con o sin deconstrucción estadística.
Bien, yo por mi parte acabé mi estancia en el departamento de Estadística ─de la cual guardo un imborrable recuerdo─ defendí con éxito mi tesis y hoy contribuyo a desarrollar mi especialidad con gran aceptación por parte del gremio. Por lo que se refiere a mi experiencia con la Dra. Khí-cuadrado, debo decir que hay algo inquietante en ella. No soy supersticioso ni creo en las explicaciones mágicas. Sin embargo, a mi juicio, no todo lo que hay ahí son matemáticas. Yo juraría que algún tipo de sutil hechizo explicaría el éxito de los experimentos en el cuerpo de la Dra. Khí-cuadrado y lo estaría vetando al común de los mortales. La ciencia nunca ha sido sólo ciencia. Si no lo creen, fíjense en dónde buscaba Sir Isaac Newton la respuesta a los misterios de la naturaleza que su genial física no podía penetrar: sí, en la magia, lo han adivinado.

diumenge, 23 de juny del 2013

Noticia acerca de la inminente publicación de mi ensayo

GIL VERNET, Jordi
La Mirada de la Lechuza. Un antídoto contra las crisis
Ed. Bubok (edición digital y en papel, 267 pág.)
Reus / Málaga, 2013
Esta recensión es un tanto especial para mí, puesto que se ocupa de un libro que yo he escrito. En los próximos días, va a ser publicado un ensayo que escribí entre finales de 2011 y principios de 2012. No ha visto la luz hasta ahora porque ninguna de las seis editoriales a las que lo ofrecí se animó a publicarlo. Cuatro se excusaron diciendo que tenían el catálogo cubierto para ese año y dos no contestaron. Según mi criterio de lector avezado a este género literario, la declinación no es debida necesariamente a posibles déficits en la calidad de la redacción, al escaso interés que pueda tener el tema elegido o a la inanidad de las reflexiones contenidas en el ensayo. A mi entender, la educada negativa se debería más bien a que, en estos momentos de aguda crisis en el sector de la edición, las perspectivas de negocio son nulas y las subvenciones públicas, inexistentes. Las grandes editoriales sólo se animan a publicar lo que consideran que no les va a acarrear la ruina segura, es decir, aquello que autores ya consagrados envían a las editoriales o que, llanamente, los editores les solicitan con urgencia. A eso se lo suele llamar criterios económicos o de mercado; no tengo nada que objetar al respecto.
Aunque no espero enriquecerme escribiendo, he de admitir que no me importaría demasiado porque así lograría rentabilizar una actividad que me gusta y a lo que dedico mucho tiempo. Debo confesar, además, que por unos meses pensé que algún sello se ofrecería a publicar mi libro. Sin embargo, no ha sido así. Como estoy persuadido de que mis reflexiones no son del todo banales, decidí actualizar algunos datos y publicar el ensayo por mi cuenta tras tenerlo un año en barrica de roble. Entre la panoplia de editoriales online, he elegido BUBOK porque, además de editar en formato papel y electrónico como otras, ofrece la posibilidad de confeccionar los ejemplares en papel a demanda, uno a uno si es preciso, y enviarlos al domicilio del comprador por un precio razonable. He escogido que aquellos que decidan adquirirlo en papel tengan a su disposición gratuitamente la versión digital. Espero que quienes lo compren queden satisfechos con el servicio tanto como con el objeto obtenido. En cuanto a su mérito, sólo leyéndolo podrán decidir si vale algo o no.

La Mirada de la Lechuza es una reflexión sobre la noción de crisis. Toma como punto de partida la actual crisis económica y sus nefastas consecuencias y se remonta al sentido etimológico griego del concepto ‘Krisis’ para encuadrarla. Después, se analizan otras crisis vigentes para relativizarla y permitir comprenderla mejor. Se trata de un ensayo filosófico en la medida en que se vale de la perspectiva general para situar cada uno de los casos analizados en el conjunto de la realidad, sin perder de vista que cada uno de ellos tiene sus propias características. El zoom filosófico acerca y aleja el objeto de análisis según se quiera considerar. Por otra parte, es un ensayo libre porque fluye tratando los temas según iban asomándose a mi mente, aunque su hilo conductor sea siempre el análisis de las crisis. La estructuración en apartados vino luego. A la vista de la extensión final del texto original, decidí podarlo. He dejado además fuera de esta edición una tercera parte dedicada a la crisis de la propia filosofía. En ningún momento se pierde de vista la dimensión moral de las crisis sociales, porque hablamos de hombres y mujeres que sienten y piensan, no de mesas o piedras. No se puede banalizar el holocausto judío, por ejemplo, como quien habla de dinamitar una montaña para construir un ferrocarril, a pesar de que así lo pretendiera Adolf Eichmann.
He procurado no ser demasiado prolijo y extenderme sólo en aquellos ejemplos que he considerado ilustrativos para mi propósito. He dividido el ensayo en dos partes. La primera se centra en las agudas crisis sociales de la actualidad: la familia, la educación, los valores, la religión y la política; y la segunda, en la enorme crisis del saber que ha sido inducida, al menos en parte, por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Si se tratara de una historia completa de las crisis del hombre, nos ocurriría algo parecido a lo que le pasó al puntilloso cartógrafo del relato de Borges, que acabó confeccionando los mapas a escala 1:1 para que cupieran todos los detalles. Si así fuera, no nos quedaría más remedio que relatar la historia entera de la humanidad.
Espero que la lectura de este ensayo resulte provechosa y sirva para comprender mejor que lo que estamos viviendo es la norma, no la excepción; y que a la mayoría de nuestros antepasados y aun contemporáneos les ha ido y les va todavía peor.

En cuanto esté disponible, lo publicitaré y pondré en este blog el enlace a la web de la editorial BUBOK, para que aquéllos que quieran leerlo puedan adquirirlo.

dimarts, 26 de febrer del 2013

Antonio MUÑOZ MOLINA toma el pulso a España


MUÑOZ MOLINA, Antonio
Todo lo que era sólido
Seix Barral (edición digital, 163 pág.)
Barcelona, 2013
Hacía ya tiempo que Muñoz Molina venía expresando en artículos y charlas su desazón por cómo ha degenerado la vida civil en España, por cómo actitudes que antes eran excepcionales ahora son la norma, por cómo nos hemos situado a la cabeza mundial en algunos logros poco recomendables mientras seguimos viajando en el furgón de cola en lo que verdaderamente importa; por cómo nuestra clase política ha depredado el país, por cómo los líderes autonómicos han levantado muros de ignorancia entre las regiones de una España en la que ya nadie parece sentirse a gusto… excepto los irredentos y trasnochados nacionalistas españoles.
Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) es una de las mejores plumas de la España actual. Ingresó en 1996, siendo jovencísimo para estos menesteres, en la Real Academia Española (RAE). Muñoz Molina describe en este ensayo el proceso por el cual España, en unos pocos años, ha pasado de ser el invitado de honor en el exclusivo club de los nuevos ricos a reingresar en el de los pobres de toda la vida. Hay que recordar que la España del franquismo estuvo en ese limbo de las naciones que se llamó ‘Países en vías de desarrollo’, círculo que sólo abandonamos por el empuje económico y democrático que supuso la entrada en la Unión europea (UE) en 1986. Pues bien, si siguen así las cosas, quizá volvamos a una pobreza que en realidad nunca dejamos del todo.

La idea de Muñoz Molina empezó a desarrollarse en 2011, cuando la crisis arreciaba ya de lo lindo, porque se asustó ante lo que publicaba la prensa internacional sobre nuestro país en particular la prensa de Nueva York, donde él se encontraba entonces y vive gran parte del año. Luego, en una de sus estancias en España, decidió revisar in situ la hemeroteca del diario El País empezando por 2007, el año en que estalló la crisis de las hipotecas subprime en los EUA, crisis que causaría el hundimiento de bancos centenarios como Lehman Brothers y Merryl Linch, el colapso del sistema financiero internacional y la contaminación de las economías domésticas de buena parte de los países occidentales, sobre todo las de los estados periféricos de la UE.

Revisando la prensa, cayó en la cuenta de lo rápidamente que olvidamos, incluso aquellos que por oficio o inclinación están muy al día de la actualidad informativa. Y no sólo eso, sino lo desapercibidos que pueden pasarnos hechos que vistos con suficiente perspectiva constituyen un indicio flagrante de catástrofe inminente. La magnitud de la burbuja inmobiliaria o del ladrillo era perfectamente visible para cualquiera que prestara atención a los datos macroeconómicos, pero también para quien mirara alrededor con un poco de atención o se fijara en los negocios de muchos de sus convecinos. En esos tiempos aun recientes, las oficinas inmobiliarias proliferaron como las setas. Comprar casas y venderlas ipso facto con un beneficio indecente se convirtió para muchos en un deporte; un deporte de alto riesgo, también es cierto. A pesar del pinchazo que se avecinaba y que muchos políticos y economistas con responsabilidades públicas desmentían la gente seguía jugando a la ruleta rusa por una mezcla insana de inconsciencia, temeridad y avaricia desmedida. Se firmaban hipotecas con plazos hasta la eternidad con el señuelo de los bajos tipos de interés y el dinero manaba sin parar porque la gran banca europea, la alemana y la británica al frente, financiaba todo el desaguisado sin chistar.

Una vez reventada la burbuja, nadie se quiso hacer responsable del desastre y la presión sobre la maltrecha economía de los débiles PIGS (Portugal, Ireland, Greece & Spain) no se hizo esperar. Manirrotos, irresponsables y vagos eran los más suaves epítetos que nos dedicaban los verdaderamente ricos de Europa, partidarios por puro interés de administrarnos la Artischoke Diät (‘dieta de la alcachofa’, en alemán) prescrita por Merkel. Pero el enemigo no está fuera, sino dentro. Una clase política extractiva (la feliz expresión es de César Molinas, cuyo anunciado nuevo libro está por cierto al salir), un sistema autonómico donde las oligarquías de cada lugar, ya sean los caciques en las zonas rurales o la alta burguesía en las grandes ciudades, hace y deshace con lacerante impunidad mientras se alía con advenedizos de medio pelo y ningún escrúpulo. El populismo ha sido utilizado como estrategia para legitimarse en el interior y reforzarse frente al enemigo exterior por el común de los líderes autonómicos, desde Juan Carlos Rodríguez Ibarra en Extremadura hasta Artur Mas en Catalunya, pasando por Bono y Cospedal en Castilla-La Mancha, Francisco Camps y Carlos Fabra en Valencia y muchos más en las regiones restantes. Los escandalosos casos de corrupción que afloran por doquier no habrían sido posibles sin ríos de dinero fácil y de origen dudoso, sin el proceder mafioso de muchos políticos y constructores, sin la infausta ley del suelo de Aznar y las escandalosas recalificaciones de terrenos hechas por ayuntamientos delincuentes; y, por supuesto, sin el conchabe de todos ellos para expoliar el país.

Como sea que buena parte de los dineros que circulaban por España pertenecían a los fondos europeos para la cohesión territorial, que debían ser bien administrados por los políticos, Bruselas se ha enfadado mucho con razón y se ha puesto muy dura con nosotros. Fondos que se utilizaron para construir faraónicas infraestructuras, llevar la alta velocidad a la puerta de cada casa, celebrar fastos y engrasar la maquinaria de los partidos políticos y de muchos bolsillos particulares. Si esos mismos e ingentes fondos se hubieran utilizado para lo que fueron diseñados, España habría podido sanear su economía productiva e invertir lo necesario en educación y formación. Probablemente, no se habría visto impelida a desmantelar un sistema sanitario que era ejemplar en el mundo y, a lo mejor, tampoco tendría que soportar unas cifras de paro que serían insoportables incluso para Grecia. Cuando se revisan las cifras y datos que se publicaban cinco o seis años atrás, nada de lo que sucede hoy parece extraño. Lo inadmisible es la ceguera que mostraron quienes entonces hubieran podido hacer algo para desinflar la burbuja antes de que fuese demasiado tarde.

Muñoz Molina no deja títere con cabeza y por ello le van a llover multitud de críticas y desplantes (como ya le ocurriera recientemente al aceptar el Premio Jerusalén de literatura, que nada tiene que ver con el estado de Israel o con las políticas de sus gobiernos). Nuestra vergonzante e incompetente clase política sale muy malparada de la crítica. El lector que probablemente sonría cuando lea comentarios irónicos referidos a comunidades autónomas distintas de la suya (ironías perfectamente aplicables a cualquiera de ellas), quizá tuerza el gesto cuando los dardos se dirijan a la propia. Especialmente hilarantes son los capítulos donde se cuentan las anécdotas de las patéticas embajadas de representación de las distintas comunidades autónomas a Nueva York para promocionar cada una su marca territorial. Tiene razón el autor cuando dice que ya nadie se considera español dentro de España, excepto los irreductibles nacionalistas españoles cuando toca contrarrestar a los igualmente irreductibles nacionalistas periféricos o acallar voces extranjeras.

Con todo, no se trata sencillamente de sanear la política. La sinvergonzonería, la ordinariez y la desfachatez lo han enfangado todo y el tejido social entero se halla corrompido. Tenemos, en consecuencia, los políticos que merecemos. Expresiones como ‘Yo haría lo que Camps si pudiera’, ‘¡Millet, tú sí sabes!’ o ‘¡Quién pudiera estar en el lugar de don Luis Bárcenas!’ se dicen más de lo que queremos creer. Al fin y al cabo, a Iñaki Urdangarín se lo critica más por tonto (o imprudente) que por ladrón. España no es en balde uno de los países occidentales donde existe una de las mayores proporciones de economía sumergida y fraude a la hacienda pública. Cada uno de nosotros debe aplicarse el cuento, tanto para lo económico como para lo político y lo social. A pesar de todo, en las últimas páginas prevalece el tono optimista cuando el autor insiste en que las cosas son así, pero no tienen por qué seguir siéndolo. Ser español, como ser de cualquier otro país con un sistema político democrático, no es ninguna fatalidad. Si arrimamos el hombro y decidimos actuar haciendo lo que esté en nuestra mano, podemos incidir lo bastante en la realidad política como para que cambie.

En fin, si queréis revisar de la mano de un buen observador y excelente escritor lo acaecido en nuestro país en estos últimos y tristes años, leedlo. Aunque cada uno le podrá discutir unas cosas u otras a Muñoz Molina, según sean sus opiniones, el tono del ensayo invita al diálogo, no a la confrontación. Por eso lo recomiendo.

Sergi Pàmies ha publicado una interesante columna sobre el ensayo de Antonio Muñoz Molina en LA VANGUARDIA del viernes 1/3/13. 



dijous, 24 de gener del 2013

Los enamoramientos de Javier MARÍAS


MARÍAS, Javier
Los enamoramientos
Alfaguara (edición digital, 306 pág.)
Madrid, 2011
La última y sin embargo ya premiada novela de Javier Marías trata sobre las siempre complejas relaciones sentimentales entre hombres y mujeres. Partiendo de la muerte, ya que la trama se urde alrededor de un truculento asesinato, en apariencia carente de motivación, Marías reflexiona sobre la naturaleza del amor; o mejor dicho: sobre la naturaleza de esa primera y apasionada fase del amor sexual llamada enamoramiento. To fall in love with somebody (literalmente, ‘caer en el amor con alguien’), como se dice en inglés ‘enamorarse’, es algo que ocurre absolutamente al margen de nuestra voluntad y de cualquier cálculo racional. Puede que incluso contravenga a menudo lo que sería conveniente o prudente. Sin embargo, el deseo y la atracción pasan por encima de cualquier consideración y nos llevan de cabeza al objetivo dispuestos a saltarnos cualquier obstáculo que se interponga. Al tratarse de una pasión, es tan intensa como breve. Al cabo de cierto tiempo se suaviza en otras formas de amor o se desvanece sin dejar más rastro que el recuerdo. Hasta es posible que nos cueste reconocernos en esa situación cuando al cabo de los años echamos la vista atrás. ‘¿Cómo pude enamorarme yo de tal?’, ‘¿Qué le vería?’, nos preguntamos.
El amor sexual entre un hombre y una mujer se puede manifestar de muchas formas. Uno, si es afortunado, ha experimentado o va a experimentar algunas de ellas a lo largo de su vida. No obstante, parece que no es tan rara la gente que pasa por este valle de lágrimas sin conocer ninguna de las encarnaciones del amor sexual, que no es sólo sexo, sino sexo con amor: disfrutar de relaciones abiertas, ya sean duraderas, esporádicas o pasajeras; tener una aventura, pasar por un noviazgo más o menos largo, vivir en pareja, casarse, cometer adulterio (si alguien lo comete, alguien lo padece)… Todas ellas tienen múltiples variantes según cual sea la situación de los individuos que deciden o se ven empujados a mantenerlas y ─lo que parece estar suficientemente probado─ ninguna es perfecta. Todas adolecen de taras, vicios y limitaciones. Cualquiera de ellas puede propiciar la eventual insatisfacción de alguno de los miembros de la relación. La complejidad de la psicología humana y de las relaciones sociales nos tiene siempre en el alambre y el amor no siempre es lo bastante firme como para mantenernos equilibrados sobre él.
Marías describe magistralmente en el pensamiento y la actitud de los personajes de la novela cómo se suceden los momentos de estabilidad emocional, zozobra, esperanza renovada y resignación ante la caducidad de los sentimientos; cómo se vive el amor no correspondido o desigual, cómo tejemos telarañas para atrapar a las personas que queremos y nos acaban enredando a nosotros también; cómo podemos esperar durante años, con un paciencia infinita, a que llegue la oportunidad y cómo, en fin, podemos desprendernos llegado el caso de aquello que hemos amado más que a nada en el mundo. Las razones del homicidio van desvelándose en la cabeza de la narradora a medida que lo hace la relación con su amante. Al final, ocurre a menudo, las cosas no son lo que parecían. La conclusión de la novela parece precipitada, como si el autor tuviera más que decir sobre el asunto pero se le acabara el tiempo o le faltara espacio. Imagino que nunca se dirá lo bastante sobre la terrible complejidad de las relaciones humanas.

Disfruto desde hace años de los artículos que Javier Marías publica en la revista dominical de EL PAÍS. Sin embargo, el Marías novelista se me ha hecho difícil de digerir en más de una ocasión. Así como en otras obras había tenido la sensación al leerle de estar navegando por un océano de palabras tan ondulante que no me permitía fijar el rumbo, con Los enamoramientos no ha sido así. Quizá sea esta la causa de que me haya gustado más que ninguna de las anteriores. Recomiendo su lectura a todo buen lector.

divendres, 11 de gener del 2013

Breve biografía esencial


Soy hijo de Vandellòs, un pequeño pueblo de la comarca catalana del Baix Camp, aunque vine al mundo en Tarragona porque en 1964 dar a luz en las clínicas empezaba a ser lo corriente.  Nací en el seno de una familia numerosa y por mi parte soy padre de dos encantadoras adolescentes de 13 y 16 años, Helena y Clàudia. Estoy casado en segundas nupcias con Cuqui, una matemática malagueña, por lo que mi vida transcurre a caballo de Reus y Málaga.
Recibí inicialmente la Educación General Básica en la Escuela Nacional de mi pueblo y la terminé con la secundaria en Tarragona. Me puse a trabajar de manera plena a los diecinueve años y me emancipé en seguida. Obtuve la licenciatura en Filosofía por la Universidad de Barcelona compaginando trabajo y estudios. Después de acabarlos, empecé a ejercer la docencia en secundaria: primero en FP y más tarde en BUP y COU, para terminar con la ESO y el Bachillerato actuales. He pasado veinte años de mi vida en las aulas con jóvenes y en ellas he aprendido mucho, sobre todo de mis alumnos. A raíz de esa dilatada experiencia, puedo decir sin duda que me gusta enseñar.
A causa de los recortes en educación y otros avatares que no merece la pena contar aquí, me ha sido dada la ocasión de redirigir mi vocación por la enseñanza a otros destinatarios. Había tenido varias experiencias en formación de adultos, lo que me hizo pensar entonces que mi objetivo futuro bien pudiera ser la formación de profesionales en las empresas. Podría utilizar en el ámbito corporativo las habilidades didácticas y los conocimientos acumulados a lo largo de mi práctica docente. Ahora me dedico a la formación in company.
Por otro lado, soy corredor de fondo desde hace casi treinta años, actividad atlética que me permite estar en forma, conocer mis límites, equilibrar mente y espíritu y relajarme mejor tras el esfuerzo. Creo que practicar deporte con espíritu amateur ─e incluso participar en algunas competiciones─ puede ser un complemento esencial para el desarrollo personal.
Me gusta leer artículos y buenos libros, en especial de ensayo. Asimismo, me gusta escribir y me esfuerzo por no hacerlo del todo mal. Tengo curiosidad por muchas cosas. De mi formación filosófica agradezco por encima de todo que me haya permitido tener una clara conciencia de la ignorancia en que me hallo sumido. Sea lo que sea lo que yo pueda saber ─si es que algo sé─ representa sólo una parte infinitesimal de lo que me queda por conocer. La nítida conciencia de mi ignorancia me empuja constantemente a aprender.